Tangos, princesas y aullidos sin herida


El ciego que tropezo tras ver volar a una paloma
Agosto 16, 2008, 3:20 am
Archivado en: Camarero, Crónicas siglo xxi, Minirelatos, Noche, Reflexión

Salí del bar tarde. Para ser jueves la gente abarrotaba las mesas, las sillas, la barra, la entrada. La ciudad entera bullía de gente. Para ser jueves, y verano, había mucha sangre recorriendo las venas de asfalto. Tenía prisa por llegar a casa, darme una buena ducha fría y sentarme, desnudo, en el balcón, mirando la inmensa luna llena abarcando el mar entero de un lado al otro, pero al salir tropecé bruscamente con un ciego. El encontronazo lo lanzó contra el ventanal del bar y dejó caer su bastón.

-”Lo siento, caballero”, me disculpé algo confundido.

-”No se preocupe joven, no miraba por donde iba.  A estás horas, uno tiene más prisa por llegar a casa. Ya se sabe, no es barrio seguro éste por la noche”, añadió mientras de incorporaba apoyándose en el cristal.

-”Cierto, este barrio…¿Cómo sabe que es de noche caballero?”

-”Con tantos años viendo la vida a oscuras, en blanco, o en todos los colores y en ninguno, se aprende a ver de otra manera…discúlpeme usted, le tomo el pelo. El caso es que la noche huele diferente”, dijo mientras sonreía y miraba mi cara como quién mira el horizonte.

Cuando se hubo incorporado del todo, me pidió su bastón, se despidió y se fue. Yo me quedé algunos segundos quieto, pensativo, olisqueando el aire con los ojos cerrados. A la mañana siguiente cuando bajé a comprar pan y el periódico del día me encontré con una pintada frente a mi casa que decía:

“¿Has visto volar a una paloma contra el viento, o un cernícalo remontar el vuelo y permanecer en silencio al acecho, quieto, sobre el aire?”.

Repetí en voz alta la inscripción y seguí con mi ruta mañanera. Al volver sobre mis pasos descubrí un bastón roto a los pies del muro.



Menos que un instante
Agosto 16, 2008, 3:07 am
Archivado en: Escritores canarios, Noche

A continuación, un micro relato de mi tocayo y amigo Javierhf, de Nueve Puertas. Puedo decir que cuando lo que se relata acontencía, yo servía copas detrás de la barra. De hecho, jeje, fui yo el que se acercó para limpiar la besa. Para variar, no fueron para mi los besos…otros los había cazado antes al vuelo.

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Tardanzas
Agosto 10, 2008, 12:39 am
Archivado en: Camarero, Noche

El bar ocupa se ocupa de todo mi tiempo. Lo gestiona, me pone horarios y, además, me da de comer. Si no trabajas, no hay dinero por parte ninguna. Y sin dinero, no hay cerveza…Bueno, para mi sí; trabajo en un bar, y eso tiene sus ventajas. ADemás, el dueño, para más señas, es casi mi segundo padre, por ser amigísimo del primero, y por conocerme desde que era un niño. Así que disculpen las tardanzas aquellos que me acompañaban en el blog. Simplemente, una noche, de tanto beber y pescar a manotazos caí en la cuenta de que, a veces, la mejor solución a los problemas, es no tomarte en serio, reírte de ti mismo, observarte como si fueras una especia en extinción, o el animal objeto de estudio de un buen documental donde siempre se ve a un macho y una hembra en el acto reproductivo, o un cocodrilo zampándose a un ñu.

Saludos desde este rincón del mundo.



Para mi india y las conversaciones piratas…
Junio 6, 2008, 1:05 am
Archivado en: Camarero, Escritura automática, Noche

Noches blancas.

El tequila en la hoguera de tus senos,

la corola de tus pezones alborota el aire

y el tejido cardíaco que me late…

Es una noche fresca.

Tan sólo una sábana arrugada de mar y arena

cubre tus pies desnudos;

en nuestros sueños, algo más

que ballenas blancas y piratas ebrios

en busca de Tortuga.



“Noche de aullidos…”

Almohadillas de ratón.

Maullidos de gato muerto sin sus nueve vidas.

Entre bambalinas, me susurran los desconocidos:

vete fuera, vete fuera.

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Poema sin título ni fecha, anotado en varias servilletas

Manejas demasiadas variables,

y siempre te envuelves en cálculos complejos.

Te empeñas una y otra vez en la misma tentativa

y crees ganar tiempo al decir: “Soy difícil de entender. No soy sencilla”.

Mon ange, no te equivoques,

el tiempo yace muerto en las tripas del Kraken,y tú acaso piensas demasiado.

No eres más que ese corazón que late, que llora, que duda,

y que siente de golpe el peso de un resultado inesperado:

no te cuadraron las cuentas.



“¡Bebe, bebe!”

Tengo hambre.

Quiero comer:

“¡Esta noche quiero escribir poesía sin ti!”

¡Come, poeta!

Princesa, esta noche quiero hacerte el amor

en todas las colinas de la ciudad blanca,

entres sus curvas y arenales,

más allá de sus brazos de rio

y los sueños de niños y navegantes.

“¡Bebe, poeta!

¡Duerme entre mis pechos, deja

que me desnude en tu boca!”



“Los obreros”, de Charles Bukowski
Mayo 21, 2008, 12:52 pm
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Hace cuatro días vino, como de costumbre, Andresito al bar donde trabajo. Andresito es un señor de 65 años, antiguo portuario del Muelle de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria que, además de haber sido luchador de lucha canario en los tiempos cuando el chico se llevaba al grande con mañana y técnica, es un bebedor de a diario, con su tanganazo de por la mañana, sus cervezas de las 12, su copa de vino de la tierra para almorzar, y su licorcito después de la cena (para coger el sueño me dice siempre).

A pesar de lo que se pueda pensar de lo anterior, Andresito no entra en lo que podría llamarse un borracho. En los años que llevo sirviéndole copas y almuerzos, y alguna que otra cena, nunca lo vi con síntomas de embriaguez, ni armando escándalos ni faltando a nadie al respeto. Con tal descripción superficial de Andresito, me sorprendió (a bote pronto) verlo con un libro grande bajo el brazo, hace cuatro días. Ni periodicos, ni nada, un libro grande. “¡A los buenos días Señor Andrés!¿Qué trae hoy para leerme”?”. Ni más, ni menos que un libro de poemas de Charles Bukowski. El tamaño grande era por que se trataba de una edición bilingüe que, a pesar de no hablar ni leer inglés Andresito, se había comprado por lo bonito que era ver un mismo poema en dos idiomas distintos: “Y no lo entiendo, mira tú, pero es bonito, ¿no? Mira, en inglés”, me decía.

Lo mejor vino cuando me leyó cuatro poemas del libro. Uno de ellos es el que transcribo a continuación. Paro, sudor, trabajo duro, inocencia, ignorancia, una visión de la vida tan vital como limitada, práctica tal vez. Me gusta mucho el poema, me hace pensar sobre ese gremio urbano que son los obreros.

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“No me abandones”

El siguiente poema está inspirado en el tema “No quiero perderte” de Elodio y los seres queridos, cuyo audio tienes a continuación:


Si no funciona el enlace haz clic aquí o acá, jeje.

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Discrepo, Sr. Pessoa

“El poeta no es un fingidor, es un exhibicionista que se cubre con su propia debilidad y la muestra a todos los ojos atentos, como si esperar la aprobación para su cuerpo desnudo”.

Javier Lobo Montenegro, 4 mayo 2008