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No podía dejar de mirar.,
dejar de mirarla, dejar de mirlo,
dejar de mirarlos juntos.
Miraba, me daba la vuelta.
Miraba y olvidaba contínuamente.
Extraña mezcla de deseo, nostalgia
quirúrjico análisis de mi tejido de realidad.
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Lloras una y otra vez
y me siento tan seguro a este lado
de la mesa que, sólo por esta vez,
no me lanzaré a bucear tus fondos abisales…
además, desde este lado del a mesa
te ves realmente hermosa.
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Ahí las tienes.
Ese corazón escamoso
que brinca y palpita en el suelo,
esta cicatriz vibrante y muda
en mi pecho,
y estos ojos violáceos, verdosos y cansados.
Aquí las tienes: las pruebas irrefutables
de tu inocente y sincero amor.
El cuchillo que relame
la sangre viscosa de mi espalda
me lo quedo como muestra, y recuerdo,
de todo lo que me quisiste.
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No encontrarás nada en los bolsillos
traseros de estos vaqueros.
Tampoco busques en mi cartera,
lo gasté todo en los juegos de amor.
Si de verdad sientes hambre,
puedo indicarte dónde encontrarás lo que buscas,
a cambio de un beso y toda tu ropa.
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Un error.
El dorso de la mano que no se eleva lo suficiente,
y ya derramas la copa.
Un error.
Ser uno mismo siempre, olvidarse
de hombres y mujeres,
y encuentras tu amor y tu deseo
envuelto en ácido
sobre el suelo…
Estoy harto.
Si quiero besarte, o besarle, lo haré.
Si quiero taparle la boca a esa portal,
sacarle los colores a cualquier calle oscura…
lo haré. Además,
hasta los capós de los coches son
perfectos para la pasión
bajo las farolas.
Y si quiero amarte esta noche,
lo haré.
Si eres una desconocida, o casi,
a mi,
me da igual,
esta noche serás mi reina de corazones,
serás mi lienzo en blanco,
mi piedra de mármol,
imagen en movimiento que busca
que alguien la ate al tiempo…sólo por un instante.
De ti, haré Arte.
Y el resto
es pura conveción,
correción, ausencia
de sangre.
Si no eres Arte,
venderé nuestro sexo
en el mercadillo de Portobello Road.
Lo demás, ni vale la pena venderlo.
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A las luciérnagas de esta ciudad
le gustan los moscones,
esos jóvenes repeinados por sus propias patas
que no cesan de buzar y buzar
cuando el calor les aprieta la entrepierta,
abobados por el azúcar de caña
que les dilata la cabeza.
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No busques en el bolsillo de atrás
mi cartera…
Lo que buscas, está entre mis piernas.
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Podría escribir esta noche los versos más hermosos…
pero estás en silencio, a eones de distancia,
y no hay cuerpos con tu nombre que puedan saciarme de ti.
Podría esta noche escribir con mi lengua
sobre tu cuerpo desnudo,
comenzar desde tus pies, avanzar giros y bucles
en tus pantorrillas y llegar el un verso
hasta el final abierto de tus piernas…
Podría, entonces, hacer lo único que querría hacer,
sostener la mirada entre tus piernas,
abrir mi boca y atrapar ideas con mi lengua hambrienta;
contener tus labios en los míos
dejar libres mis manos sobre tus senos,
Dejárlas libres, hacerme Dios por un momento,
pensar que soy capaz de Hacer de nuevo el Mundo contigo,
saber que no tengo siete días para toda la Creación
y que lo más maravillos del Universo es un gemido último en tus labios.
Podría esta noche lanzarme a tu boca
morder tus labios y tu lengua
beber en las cascadas de tu cuello
y respirar el aire que te excita y te desnuda poco a poco
sin remedio…
Podría esta noche arrodillarme ante tí,
verte desnuda desde abajo, deleitarme con tus labios entre abiertos
mientras tus pechos apuran el aire y las horas y el deseo…
Podría esta noche darte lo que Soy y lo Tengo,
pero sospecho el Sol desgarrará mis sueños
al amanecer y me recordará que nunca la Noche dura eternamente.
Podría esta noche…
hacerte de todo lo que quisieras,
todo lo que te dejes desear…
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No sé qué esperas
de esa historia
que cuentas cada noche,
si la alimentas con los mismos platos combinados.
No sé qué quieres de tu cuerpo
si no lo usas más que para
sentarte, fumar, esperar,
divagar y quejarte del pasado y del presente.
Hablas de sexo como si de verdad lo quisieras,
pero no sé si sabes lo que quieres.
Siempre hablas de lo mismo
y esta barra y este bar
se casan de ti a estás hora de madrugada.
Quizás te haga falta un amante
y follar y que desaparezca él
y que aprendas a arrancar tu cabeza
y derramarte sobre el minutero
y dejar que las horas consuman
la sangre que te sobra…o que
añadan la que te falta…
quizás necesites derramarte de ti,
de él, de mi, de ella y de toda
esa mierda que llamas
cariño, destino, y amor.
Lo inevitable es que te besen
los gusanos,
que el tiempo practique
sexo oral con tu calavera.
Lo inevitable
es ese María que rezas tu boca cada noche.
Será por eso
que me importa un bledo, querida,
tu peso y el color de tus ojos,
tus gustos y tus locuras;
será por eso
que prendí fuego a Ítaca hace tiempo,
y a Roma,
y ahorqué al mismísimo Nerón
con las velas de mi nave.
Será por eso
que lo inevitable es esa tortura
vestida de rojo
que aparece, sin invitación y borracha,
en todas las fiestas
y que, por si fuera poco,
exige dedicación, recuerdo
y pleitesía,
pagando tan sólo
unos pocos y míseros centímetros de su entrepierna.
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Cántame una nana para que me duerma.
Cuando despiertes, haz lo que quieras conmigo.
Sóilo quiero un trago de aguardiente
para bajar esa afilada hoja
que tienes en tu boca.
esa forma tan dulce de decirme
“es hora de que te vayas”.