Septiembre 30, 2008, 4:18 pm
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Inefable.
Tormento auténtico y libre de artificios.
“¿Cómo me vas a dejar,
si nunca me has tenido?”
Y dicho esto,
salí del bar,
agarre al perro de mi historia personal
y le metí mi brazo en la boca.
“¡Muerde!”, le dije.
“Muerde”, repetí.
Y resultó que ya no quiso morder,
así que salí a pasear las mismas calles,
aquellas preñadas recuerdos ya lejanos,
ya hechos carne y deseo, noche de sonrisas
y demás pecados.
“¿No muerdes?”, volví a preguntarle.
Pero mi perro siguió su camino, delante de mí,
con la cabeza gacha, absorto
en sus fracasos,
fracasos que, esta vez,
ya no eran los míos.
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