Tangos, princesas y aullidos sin herida


“Semana Santa”
marzo 20, 2008, 5:06 pm
Filed under: Antipoesía, Escritrua automática

Manolo en el Bar.

Tú hablas de Buda mientras él

te pregunta por las procesiones.

Entonces te imaginas

siguiendo a la marea humana,

toda bien vestida, casi toda

en colores negros y piensas:

me voy a beber.

Y vas y entras en un bochinche. Y pides vino hasta reventar.

Y al salir a la calle, te asalta desde arriba
la imagen de un hombre

de unos treintaytantos, medio desnudo,

barbudo, cargando una cruz que no le pertenece,

sangrada toda su cara

y con una expresión de dolor

que nunca has visto.

¿Qué es esto?

¿Por qué pasean el sufrimiento de este hombre?

¿Por qué este sacrificio?

Das unos pasos, te caes al suelo

sobre un charco y te sorprendes al ver

como se apresura

un perro abandonado a limpiarte

la cara y las manos:

“Deja que limpie tus manos y

tu rostro cansado”-dice él. Y tú contestas:

“Por haber amado tanto; por haber amado tanto y siempre

con fe, tú no tienes ningún pecado”.

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Semana Santa, una anécdota
marzo 20, 2008, 4:30 pm
Filed under: Reflexión

Casi a la hora del cierre, entró Manolo en el Bar, como siempre, saludando a toda la parroquia allí congregada (pocos para ser miércoles) y lse dirigió a la barra. Ocupó su butaca alta, me pidió lo de siempre y luego, sin esperar a que le sirviera su tapa de queso -invita la casa- me preguntó:  “Javier, ¿vas a ir a las procesiones de Semana Santa?”. Yo, sonriendo y extrañado ante tal pregunta “personal” contesté: “No Don manolo, no soy peregrino que vaya detrás de muertos crucificados y madres vírgenes mientras otros los pasean para recordar lo que ellos mismos olvidarán cada día siguiente”. Y Manolo continuó: “¿Y tú en qué crees Lobo?”, “¿yo?”-contesté. “En buda y en el vino. En  el primero porque se sentó debajo de una higuera a descansar y descubrió el velo de la vida; y, en lo segundo, porque desnuda a las personas que lo toman”. Acto seguido, Don Manolo tenía ya servido su tapa de queso curado y su vaso de vino dulce.  Miró, entonces, el queso, se rascó la barba pensativo y luego observó el vino con curiosidad: “Pues me parece perfecto, ¡A tú salud Javier!, “¡Salud Don Manolo!”.