Tangos, princesas y aullidos sin herida


Poema sin título ni fecha, anotado en varias servilletas

Manejas demasiadas variables,

y siempre te envuelves en cálculos complejos.

Te empeñas una y otra vez en la misma tentativa

y crees ganar tiempo al decir: “Soy difícil de entender. No soy sencilla”.

Mon ange, no te equivoques,

el tiempo yace muerto en las tripas del Kraken,y tú acaso piensas demasiado.

No eres más que ese corazón que late, que llora, que duda,

y que siente de golpe el peso de un resultado inesperado:

no te cuadraron las cuentas.



“¡Bebe, bebe!”

Tengo hambre.

Quiero comer:

“¡Esta noche quiero escribir poesía sin ti!”

¡Come, poeta!

Princesa, esta noche quiero hacerte el amor

en todas las colinas de la ciudad blanca,

entres sus curvas y arenales,

más allá de sus brazos de rio

y los sueños de niños y navegantes.

“¡Bebe, poeta!

¡Duerme entre mis pechos, deja

que me desnude en tu boca!”



“Los obreros”, de Charles Bukowski
mayo 21, 2008, 12:52 pm
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Hace cuatro días vino, como de costumbre, Andresito al bar donde trabajo. Andresito es un señor de 65 años, antiguo portuario del Muelle de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria que, además de haber sido luchador de lucha canario en los tiempos cuando el chico se llevaba al grande con mañana y técnica, es un bebedor de a diario, con su tanganazo de por la mañana, sus cervezas de las 12, su copa de vino de la tierra para almorzar, y su licorcito después de la cena (para coger el sueño me dice siempre).

A pesar de lo que se pueda pensar de lo anterior, Andresito no entra en lo que podría llamarse un borracho. En los años que llevo sirviéndole copas y almuerzos, y alguna que otra cena, nunca lo vi con síntomas de embriaguez, ni armando escándalos ni faltando a nadie al respeto. Con tal descripción superficial de Andresito, me sorprendió (a bote pronto) verlo con un libro grande bajo el brazo, hace cuatro días. Ni periodicos, ni nada, un libro grande. “¡A los buenos días Señor Andrés!¿Qué trae hoy para leerme”?”. Ni más, ni menos que un libro de poemas de Charles Bukowski. El tamaño grande era por que se trataba de una edición bilingüe que, a pesar de no hablar ni leer inglés Andresito, se había comprado por lo bonito que era ver un mismo poema en dos idiomas distintos: “Y no lo entiendo, mira tú, pero es bonito, ¿no? Mira, en inglés”, me decía.

Lo mejor vino cuando me leyó cuatro poemas del libro. Uno de ellos es el que transcribo a continuación. Paro, sudor, trabajo duro, inocencia, ignorancia, una visión de la vida tan vital como limitada, práctica tal vez. Me gusta mucho el poema, me hace pensar sobre ese gremio urbano que son los obreros.

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