Tangos, princesas y aullidos sin herida


Creo que esto es tuyo
octubre 28, 2009, 4:57 pm
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Ahí las tienes.

Ese corazón escamoso

que brinca y palpita en el suelo,

esta cicatriz vibrante y muda

en mi pecho,

y estos ojos violáceos, verdosos y cansados.

Aquí las tienes: las pruebas irrefutables

de tu inocente y sincero amor.

El cuchillo que relame

la sangre viscosa de mi espalda

me lo quedo como muestra, y recuerdo,

de todo lo que me quisiste.

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Ya las puertas del bar están cerradas.
octubre 23, 2009, 5:48 pm
Filed under: Camarero, Escritura automática, Noche, Poesía, Camarero | Etiquetas:

No encontrarás nada en los bolsillos

traseros de estos vaqueros.

Tampoco busques en mi cartera,

lo gasté todo en los juegos de amor.

Si de verdad sientes hambre,

puedo indicarte dónde encontrarás lo que buscas,

a cambio de un beso y toda tu ropa.



Sí, pero me cansa…

Un error.

El dorso de la mano que no se eleva lo suficiente,

y ya derramas la copa.

Un error.

Ser uno mismo siempre, olvidarse

de hombres y mujeres,

y encuentras tu amor y tu deseo

envuelto en ácido

sobre el suelo…

Estoy harto.

Si quiero besarte, o besarle, lo haré.

Si quiero taparle la boca a esa portal,

sacarle los colores a cualquier calle oscura…

lo haré. Además,

hasta los capós de los coches son

perfectos para la pasión

bajo las farolas.

Y si quiero amarte esta noche,

lo haré.

Si eres una desconocida, o casi,

a mi,

me da igual,

esta noche serás mi reina de corazones,

serás mi lienzo en blanco,

mi piedra de mármol,

imagen en movimiento que busca

que alguien la ate al tiempo…sólo por un instante.

De ti, haré Arte.

Y el resto

es pura conveción,

correción, ausencia

de sangre.

Si no eres Arte,

venderé nuestro sexo

en el mercadillo  de Portobello Road.

Lo demás, ni vale la pena venderlo.



Crónicas de …

A las luciérnagas de esta ciudad

le gustan los moscones,

esos jóvenes repeinados por sus propias patas

que no cesan de buzar y buzar

cuando el calor les aprieta la entrepierta,

abobados  por el azúcar de caña

que les dilata la cabeza.



Despedida

No busques en el bolsillo de atrás

mi cartera…

Lo que buscas, está entre mis piernas.