Tangos, princesas y aullidos sin herida


Todo en pastillas

Odio los consejos para

llegar al orgasmo

Como sigamos así no habrá

lugar para los gatillazos,

para las impotencias ocasionales de más de 5 cubalibres,

ni para el asalto morutorio del sueño

que te nokea de un golpe nada

más meterla.

Experiencias sin duda,

que no se venden en pastillas.

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Treguas lejos de la barra

Dices que decides tomarte un descanso.

Y está bien. Está bien eso del descanso.

Descansa la flota pesquera,

descansan las leonas y lo leones

después de cazar, la primera, y comer, el segundo.

Dios también se tomo un día de descanso.

Está bien. Descansa.

Llámalo si quieres, tregua.

Dale tregua al deseo.

A fin de cuentas, no me debes nada.

Todo lo que comiste y bebiste en mi barra

está ya pagado.



Prospecto
diciembre 6, 2009, 12:44 am
Filed under: Antipoesía, Camarero, Citas, Humor, Noche | Etiquetas: , ,

Si vas a chuparme la sangre,

ya sabes por dónde tienes que empezar.

Y,

en caso de duda,

consulta con tu farmacéutico



La pared
diciembre 2, 2009, 1:23 pm
Filed under: Biografías, Camarero, Escritrua automática, Humor, Noche, Poesía, Reflexión, Tiempo | Etiquetas:

Me pusiste contra la pared

y me dijisite

que allí terminaba tu mundo:

en ese estrecho universo ente mi nariz, mi boca

y la cal coloreada por la luz

anaranjada de las farolas.

Un par de besos

en todas las dimensiones de mi cuerpo

bastaron para que te lo creyeras.

Yo me tomé mi tiempo.

Y cuando me hice fiel tuyo,

se autoproclamo el fin del mundo conocido hasta entonces.



Creo que esto es tuyo
octubre 28, 2009, 4:57 pm
Filed under: Camarero, Escritura automática, Noche, Poesía, Camarero, Humor, Noche, Tiempo | Etiquetas: , ,

Ahí las tienes.

Ese corazón escamoso

que brinca y palpita en el suelo,

esta cicatriz vibrante y muda

en mi pecho,

y estos ojos violáceos, verdosos y cansados.

Aquí las tienes: las pruebas irrefutables

de tu inocente y sincero amor.

El cuchillo que relame

la sangre viscosa de mi espalda

me lo quedo como muestra, y recuerdo,

de todo lo que me quisiste.



Crónicas de …

A las luciérnagas de esta ciudad

le gustan los moscones,

esos jóvenes repeinados por sus propias patas

que no cesan de buzar y buzar

cuando el calor les aprieta la entrepierta,

abobados  por el azúcar de caña

que les dilata la cabeza.



Despedida

No busques en el bolsillo de atrás

mi cartera…

Lo que buscas, está entre mis piernas.