Tangos, princesas y aullidos sin herida


Treguas lejos de la barra

Dices que decides tomarte un descanso.

Y está bien. Está bien eso del descanso.

Descansa la flota pesquera,

descansan las leonas y lo leones

después de cazar, la primera, y comer, el segundo.

Dios también se tomo un día de descanso.

Está bien. Descansa.

Llámalo si quieres, tregua.

Dale tregua al deseo.

A fin de cuentas, no me debes nada.

Todo lo que comiste y bebiste en mi barra

está ya pagado.



Psicoanálisis de las diablas

Acostarte con una persona

SOBREsexual

es

un riesgo

que asumen siempre por ti tus instintos,

un vacío al que siempre quieres lanzarte

cueste lo que cueste…

El premio,

tan extenuante como satisfactorio:

tus dedos cerca de su boca;

tu boca, con el recuerdo de su todo su cuerpo.

Acostarte con una persona asexual,

es un acto de egoìsmo y amor:

sólo uno obtiene verdadero placer;

ambos se conocen y aman

con tres simples miradas

a la mañana siguiente.

El Amor queda, después,

como el remite de una carte;

el egoísmo se reafirma en su intención

de sentir, dar y ver placer.



Superviviente
enero 14, 2010, 10:47 pm
Filed under: Camarero, Minirelatos, Noche, Poemas | Etiquetas: , , , , , ,

Si tengo sed,

beberé de entre tus piernas.

Cuando la sequía nos alcance,

recordaré tu sabor

entre mis dedos.



Ticket de viaje
noviembre 29, 2009, 3:33 pm
Filed under: Biografías, Camarero, Escritura automática, Minirelatos, Poemario en curso, Poesía, Reflexión, Tiempo | Etiquetas: ,

Sólo recuerdo las noches

y sus jaulas estrelladas,

las botellas rotas en el aire,

el tiempo detenido en un sorbo de absenta.

Tras varias lunas

me condujo la sangre lejos de este lugar.

Sólo así pude volver

y reconocerme de nuevo en los espejos.



El ciego que tropezo tras ver volar a una paloma
agosto 16, 2008, 3:20 am
Filed under: Camarero, Crónicas siglo xxi, Minirelatos, Noche, Reflexión

Salí del bar tarde. Para ser jueves la gente abarrotaba las mesas, las sillas, la barra, la entrada. La ciudad entera bullía de gente. Para ser jueves, y verano, había mucha sangre recorriendo las venas de asfalto. Tenía prisa por llegar a casa, darme una buena ducha fría y sentarme, desnudo, en el balcón, mirando la inmensa luna llena abarcando el mar entero de un lado al otro, pero al salir tropecé bruscamente con un ciego. El encontronazo lo lanzó contra el ventanal del bar y dejó caer su bastón.

-“Lo siento, caballero”, me disculpé algo confundido.

-“No se preocupe joven, no miraba por donde iba.  A estás horas, uno tiene más prisa por llegar a casa. Ya se sabe, no es barrio seguro éste por la noche”, añadió mientras de incorporaba apoyándose en el cristal.

-“Cierto, este barrio…¿Cómo sabe que es de noche caballero?”

-“Con tantos años viendo la vida a oscuras, en blanco, o en todos los colores y en ninguno, se aprende a ver de otra manera…discúlpeme usted, le tomo el pelo. El caso es que la noche huele diferente”, dijo mientras sonreía y miraba mi cara como quién mira el horizonte.

Cuando se hubo incorporado del todo, me pidió su bastón, se despidió y se fue. Yo me quedé algunos segundos quieto, pensativo, olisqueando el aire con los ojos cerrados. A la mañana siguiente cuando bajé a comprar pan y el periódico del día me encontré con una pintada frente a mi casa que decía:

“¿Has visto volar a una paloma contra el viento, o un cernícalo remontar el vuelo y permanecer en silencio al acecho, quieto, sobre el aire?”.

Repetí en voz alta la inscripción y seguí con mi ruta mañanera. Al volver sobre mis pasos descubrí un bastón roto a los pies del muro.



“Liturgia!, por Trini
abril 4, 2008, 2:03 am
Filed under: Crónicas siglo xxi, Minirelatos, Noche

Cada viernes por la noche hacía lo mismo, le costaba un par de horas engalanarse. Primero un baño de espuma que liberara su cuerpo del cilicio laboral, para luego untarlo, en inacabable letanía, de lociones y tónicos con promesas redentoras. Un rato más frente al espejo del ropero, eligiendo con cuidado vestidura que cubriera con pretensión su cuerpo resucitado. Acabado el ritual salía.

Los escasos metros que separan su casa de la sala de fiestas, los andaba cada fin de semana con el mismo propósito, encontrar un alma bondadosa que concediera indulgencia plenaria a su soledad.

Se acomodaba siempre en el mismo rincón de la barra, y miraba a los parroquianos en busca de novedades, mientras el barman, con la habilidad de un campanero, le preparaba el san francisco que alegraba su espíritu como agua bendita.

Cruzaba miradas y sonrisas con los mismos feligreses de cada sesión, incluso bajaba a la pista y abandonaba su mente en comunión con la música. Pero una vez más, terminaba consumiendo la noche, la confesión de algún arrepentido, que buscaba como ella, cumplir su penitencia con menos sacrificio.

Y volvía de nuevo a la soledad de su casa reflexionando, como peregrino que pierde la fe, si era el culto adecuado o había de plantearse finalmente la apostasía.

Contexto original: http://calvario.wordpress.com/